Información alternativa a los medios tradicionales

Es difícil proponer a las personas otras vías de información, cuando las establecidas oficialmente están pidiéndoles atención permanente y urgente. No necesariamente todos comprenden cómo funcionan los medios de comunicación y a estas alturas -luego de meses de caos total, incertidumbre, dolor, pérdida y naufragio-, considerar alternativas no es solo sensato, sino necesario.

El año va a terminar antes que nos demos cuenta y habrá sido el año más difícil en la historia de la vida moderna. Globalmente, hemos resistido una verdadera guerra, desde todo punto de vista; salud, trabajo, afectos, proyectos. La vida entera se vio trastocada.

Estamos confundidos, aterrados, extenuados, aislados, con la piscología quebrada, la moral en el suelo y la vida pendiendo de un hilo, pero ¿estamos debidamente informados?

El riesgo de hacer esta pregunta es el inminente ataque que se puede recibir; que te llamen conspiracionista, negacionista, anti vacuna, terraplanista, etc. En Teoría de la Comunicación, se sabe que ante una gran crisis la primera víctima es la verdad. Es, de hecho, lo que sucede en las guerras; desinformación, ocultamientos de la verdad, secretismo de Estado, etc. Pero hoy, en el siglo 21, existen distintos tipos de guerras, y si llevamos meses luchando por nuestra sobrevivencia por el covid-19, podríamos calificar esto de guerra sin problema.

Las prohibiciones permanentes, las cifras, la confusión (avanzar o retroceder de fase), los peligros de muerte, de supuestamente matar a alguien sin querer, la pérdida del empleo, la soledad impuesta, la pantalla forzada, los permisos de comisaría, los toques de queda, la imposibilidad de tomar vacaciones o escapar a algún lugar lejano, el panorama económico; todo ha sido negativo. A veces hay que preguntarse, ¿dónde está la información equilibrada? Periodísticamente hablando, es imposible que no existan las soluciones, o intentos de salir de esto.

Siempre se puede investigar sobre lo que podemos hacer para estar mejor; hay expertos que dan luces, otros que tiene un punto de vista diferente a la voz oficial, y otros que quieren informar sobre las posibilidades de bienestar para la población en este escenario. Es curioso que los medios no estén mostrando todo eso, que no se estén preguntando; ¿cómo mantener la salud mental en una cuarentena? ¿Cómo fortalecer el sistema inmune? ¿Cómo prevenir? Cómo tratar tempranamente? Hay tantas preguntas que están quedando sin responder.

Son dudas lógicas, de sentido común y que nadie está abordando. Cómo puede ser que todo lo que exista para informar sea una verdadera campaña del terror. Infundir solo miedo, no es informar. Hay aspectos de nuestras vidas que están paralizados, es duro, pero no significa que no existe el mañana.

Y los espacios para saber más sobre ese mañana sí existen; solo hay que buscarlos. ¡Estamos en la era digital! Cada persona es un medio. No todos los países están viviendo esto del mismo modo, sabemos que hay naciones donde casi no se ha usado mascarilla, lugares donde se han tomado diversas medidas de autocuidado, que han resultado ser suficientes si son respetadas, sin mayor histeria. Lugares donde se ha considerado la salud integral de las personas, que no es solo física. Lugares, como Suecia por ejemplo, donde nadie ha vivido ni cuarentenas, ni toques de queda, ni registros policiales, nada.

Entonces, hay que recordar que no es necesario vivir con la moral en el suelo, como nos quieren hacer creer los medios con su plan quirúrgico de terror permanente. Hay que escuchar las voces disidentes, ver qué tienen para aportar.

Desobediencia civil

Era un concepto añejo, hasta que de pronto reapareció. Es lo que hizo Ghandi, por ejemplo. No se trata de confrontar las normas por qué sí, pero es interesante tener una opinión crítica al respecto. Ghandi, para liberar a su pueblo del imperio británico, desobedecía las normas y era castigado por ello. Dicho castigo, que el aceptaba, dejaba al descubierto la propia injustica del mismo. Ghandi no había hecho una revuelta, no había sido violento, ¿entonces por qué era apresado? Se preguntaba la gente.

Y así, ponía luz sobre aquellas injusticias. ¿Podemos hacer eso hoy? ¿Puede un padre de familia, que no tiene trabajo desde marzo y no tiene permiso oficial para salir a buscar sustento, salir de casa para sobrevivir? Sí. Es lo que ha estado pasando.

Y que se sepa es bueno, ya que pone luz sobre un dilema; morir supuestamente de Covid o morir de hambre. ¿Puede una madre juntar a sus hijos con otros niños para celebrar un cumpleaños? Podría, y estaría priorizando la salud mental de sus niños, que deben ver a otros niños para desarrollarse. ¿Debo quitarme la mascarilla ara respirar aire limpio, que es sinónimo de vida? Desde luego, evaluando el contexto. Los ejemplos suman y siguen.

¿Y qué rol juegan los medios? La desesperanza podría invadirnos -y sin duda a ratos lo ha hecho-, pero la comprensión de las cosas descomprime y calma las aguas. Comprender cómo se comportan los virus, por ejemplo, o comprender qué quiere decir «población de riesgo», comprender cómo funciona un medio -que es un negocio y para sobrevivir debe lucrar-, comprender la tecnología de las llamadas vacunas covid, etc.

En la TV, el medidor es el rating, y este se mide en el momento. Si un tema está siendo visto por mucha gente, se insiste en él, pero no porque sea relevante, sino porque causó mayor curiosidad. Así, a veces vemos en pantalla políticos peleando -la nueva farándula es la política-, cuando deberíamos tener científicos explicando este virus para calmar a las personas. Pero científicos es lo que menos se ha visto. No vende. En su lugar abundan los doctores de delantal blanco repitiendo las directrices de Gobierno, como si fueran voceros oficiales. O loros, francamente. Pero, ¿está toda la comunidad científica de acuerdo con esas directrices? Es labor periodística averiguarlo.

Es necesario entonces recordar, que en realidad, un medio de comunicación tiene el deber de informar. Su utilidad radica en 3 aspectos: informar, entretener y educar. Pero muchos se quedan más bien en entretener, porque eso genera un circo lucrativo.

Sin embargo, para educarnos, podemos recurrir a medios alternativos, donde muchas veces sí hay expertos dando su opinión sobre esta crisis global, aportando lucidez oportuna, siendo integrales para abordar el tema, teniendo libertad de pensar diferente. Como es el dicho: si todos piensan lo mismo, nadie está pensando.

Rechacemos una sola vía de información oficial y abramos nuevas vías, porque finalmente es nuestra responsabilidad estar informados, pero en el sentido amplio de la palabra. Mientras más sepamos, mientras más abiertos estemos, más posibilidades tendremos de navegar esto lo mejor posible, y de pasada, dejar el absurdo panorama policial de estar apuntándonos todo el tiempo entre nosotros.

¿Encontraremos censura? Desde luego, la censura ha existido siempre y seguirá existiendo, de modos más o menos sutiles, pero incluso eso ya es una señal. Principalmente las redes sociales, han censurado cualquier opinión que difiera de la versión oficial de los hechos, lo que plantea la sospecha; ¿por qué censurar las opiniones diferentes?

Veamos qué está pasando en plataformas como Telegram, en Signal, en webs como Odysee o buscadores como DuckDuck Go. Si hay diversidad, hay libertad. Y la libertad lleva a la verdad. Hagamos lo posible por encontrarla.



Categorías:Columnas

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