Dictadura sanitaria

Es imprescindible cuestionar, a estas alturas y a 18 meses de un Estado de Catástrofe en Chile, si acaso no estamos siendo víctimas de un nuevo tipo de autoritarismo. No para hacer un análisis político -esta clase política no resiste análisis-, sino para saber qué terreno estamos realmente pisando.

Hacer la pregunta, no debería ser razón para recibir descalificaciones de ningún tipo. Preguntarnos por qué seguimos bajo medidas y restricciones completamente anti científicas e inútiles, no significa que se es derechamente antivacuna o conspiracionista. ¿Cuál es el temor de considerar opiniones diferentes a la versión oficial de los hechos?

Siempre existen dos verdades, la verdad oficial y la verdad. Las autoridades actuales y sus normas draconianas, han destrozado la vida de millones de personas en una crisis inédita, única en la historia de la humanidad. ¿Se supone que debemos aceptar eso y ya?

Cada empleo perdido, disminución de ingresos, pérdida de contacto con seres queridos, cada niño que no puede ir al colegio y compartir con amigos, cada abuelo solo, cada caso de violencia intrafamiliar -que han explotado con el encierro- cada persona deprimida, cada suicido –sí, suicidios por soledad-, cada sueño paralizado o roto para siempre, cada una de esas cosas y muchas más, deberán sanar un día si queremos tener equilibrio y bienestar otra vez.

Será un duelo largo, como el de cualquier dictadura. La palabra es fuerte, sobretodo en un país como Chile, pero las dictaduras tienen distintas formas. Formas nuevas que incluso nunca imaginamos. Hoy, nos rodean de militares, nos obligan a pedir permiso policial para movernos, estamos forzados a un exceso de pantalla nocivo, nos encierran estando sanos y siendo inocentes, nos obligan a usar un cubrebocas, nos toman la temperatura, nos prohíben ver a nuestros cercanos; Orwell, Huxley y Bradbury se revuelcan en sus tumbas. Es la distopia que ellos, siendo escritores y artistas, pudieron profetizar.

Una vida con este nivel de incertidumbre y falta de proyección no es sostenible. Esta crisis se estudiará en adelante como el momento más crítico de la humanidad moderna, que lamentablemente aun no sabemos cómo acabará. Toda crisis tiene etapas, que ayudan a predecir lo que vendrá. Pero eso hoy eso es imposible, por cuanto el caos creado con medidas contradictorias y arbitrarias es tan profundo, que no permite saber qué pasará mañana.

Si esto no es una dictadura, nada lo es. La libertad más básica está completamente perdida y sin chance de recuperación. Por cada nueva cuenta pública (como se conoce al patético show televisivo permanente del ministerio de Salud), aparece un “problema” nuevo. Por cada uno de esos problemas, los políticos ofrecen al culpable perfecto: el individuo. Es que es muy porfiado, muy poco empático, muy inconsciente.

Curiosamente, el gobierno no gusta de hacer recomendaciones a la población para cuidar el sistema inmunológico o prevenir enfermedad. Prefiere que las personas lleguen en masa a colapsar hospitales. Esta semana se suicidó una enfermera en una rimbombante clínica de la capital, y quizás nunca sabremos por qué exactamente la empujó al abismo, pero en este escenario es fácil inferir.

La masa irreflexiva se dedica a repetir las frases de las autoridades como única verdad; es que la gente no se vacuna, la gente es tan irresponsable. Pero se les olvida considerar que a más vacuna, hemos visto mayor encierro en este país. Van más de 11 millones de vacunados y nunca habíamos estado tan privados de nuestros derechos básicos.

*No puedo ahondar en la polémica vacuna y sus efectos secundarios, porque encima de todo lo anterior, hace meses que existe una censura total en internet. El instagram de este blog es permanentemente censurado. Una red social de un blog que no lee nadie, ¡es censurado! ¿Qué diablos está pasando?

Nos han dado como única opción de sobrevivencia comernos el 30% de nuestras jubilaciones. A los más necesitados, eso más un par de bonos miserables.

Y ahora, la mezcla pandemia + asamblea constituyente, ha dado como resultado a candidatos populares como la primera elección para el cargo de Presidente. Chile dado en bandeja a las ideologías más ultra, más extremas. Es la desesperación de la gente que cree que hay magos (oportunistas) que les van a solucionar todos sus problemas.

El ambiente, tanto en internet como dentro de las familias, es tenso. De pronto somos todos policías y apuntamos al resto, culpándonos entre nosotros del encierro, la pérdida de empleos y los efectos negativos de las restricciones por un virus. Un virus, en un mundo viral.

El periodismo y los médicos nos han abandonado. Simplemente no tienen voz, renunciaron a su labor en una negligencia total. La verdad es la primera víctima de una crisis. No sabemos todo lo que está pasando, pero es evidente que pasa mucho más de lo que nos cuentan.

La historia completa demorará quizás décadas en saberse. Por ahora, ¿qué hacer con una dictadura? Autocuidado, respeto entre todos, unirnos a pesar de nuestras diferencias, buscar ayuda si es necesario, no dejar solos a los niños y ancianos, recordar que cada uno es importante. Recordar que pase lo que pase, incluso si esto empeora más aun, es nuestra responsabilidad y nuestro derecho alzar la voz, denunciar los abusos, buscar una salida y alcanzar nuestro bienestar.

Hoy hay elecciones de Gobernadores, un cargo nuevo que inventaron estos políticos nefastos. Para ir a votar, por cierto, el gobierno decidió que no era contagioso el virus. Pero para ir a un parque, es mortal.



Categorías:Columnas

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