Tatuajes; ¿para qué?

Son milenarios, pueden ser decorativos, simbólicos, artísticos, traer un mensaje, o ser marcas indeseadas y puestas en contra de la propia voluntad, como ha ocurrido en ciertas guerras a lo largo de la historia. Marcar la piel es muchas cosas, desde una tradición hasta una moda, pero principalmente hoy tiene un significado personal.

¿Para qué hacernos un tatuaje? ¿Para poder verlo y disfrutarlo? ¿Para que lo vean otros? ¿Para que me pregunten por su significado o me comenten al respecto? ¿Para honrar a alguien, o algún momento? ¿Para transmitir un mensaje al viento?

Tatuajes tiernos, provocadores, misteriosos, sensuales, espantosos, etc., de todos los tipos se pueden ver en un gran porcentaje de la población, al nivel de que se habla de la adicción a tatuarse. Pero no son los tatuajes los adictivos, sino las personas adictivas, las que encuentran en tatuarse una vía de escape.

Hace 5 mil años, en Egipto, las mujeres se tatuaban la zona del vientre, simbólicamente destacando la vida. Luego se supo que en Japón se usaba decorar el cuerpo con dibujos, pero solo en las clases sociales altas. Los marineros de la Polinesia comenzaron a tatuarse extendiendo la costumbre por el mundo; la palabra viene del samoano tátau. Los polinesios se tatuaban desde pequeños, a veces dejando muy pocas partes de la piel sin tatuar con la función de asustar a los enemigos.

Pensé en hacerme un tatuaje cuando era adolescente; había fantaseado con el dibujo de una pequeña centaura en mi cadera. Pero en esa época se hablaba del contagio y los cuidados por el VIH, y además en mi caso solo pensar en agujas me resulta tan desagradable, que la idea no duró demasiado. Hoy existen lugares especializados y serios que brindan seguridad, sin embargo estoy feliz de nunca haberlo hecho, principalmente porque me gusta cambiar de idea permanentemente. Me habría aburrido muy rápido de la centaura y de seguro habría intentado borrarla con un caro tratamiento de láser.

Las personas deben elegir un lugar de su cuerpo para el dibujo que desean, dando un mensaje diferente si se trata de un rincón escondido, como detrás de la oreja, o un lugar más visible, como brazos o manos. Hay quienes, en forma extrema, se tatúan directamente la cara y es imposible no pensar; ¿será que desean que les pregunten por su tatuaje?

Esconder un tatuaje, para que se pueda ver solo en ciertas situaciones u ocasiones, no es lo mismo que dejarlo a vista de todo el mundo. ¿El fin es llamar la atención, o solo expresarse por medio de un tatuaje?

Muchos jóvenes se hacen su primer tatuaje como un rito de iniciación mal entendido, como si fuese una señal de valor; marcar la propia piel y soportarlo. Hay quienes solo quieren experimentar qué se siente y muchos otros quieren tapar algo que no les gusta o les da inseguridad.

Los tatuajes pueden modificarse, para los arrepentidos que no quieren recurrir al láser para borrarlos. Se crean así nuevos dibujos o palabras, desde lo que ya existe. Todas esas marcas, que se suman a las acumuladas por el solo hecho de vivir -marcas de accidentes, cicatrices, vacunas, daño del sol, rastros de enfermedades, etc., batallas perdidas y ganadas- se llevan en el cuerpo a veces como recuerdos o como medallas.

Idealmente, si el recuerdo es bueno (estoy pensando en el clásico ejemplo de tatuarse el nombre de una pareja) no pasará a sentirse como una suerte de maltrato del propio cuerpo. Pero puede ocurrir que con los años, mirar un tatuaje ya no tenga el mismo significado y la lección se haga manifiesta; nada es tan permanente. Ni los tatuajes.

Las seres humanos aun no resolvemos el problema de la impermanencia. Eso del momento presente y de que solo tenemos aquí y ahora. Queremos tatuarnos todo, fotografiar, todo, filmar todo, acumular todo y, ¿para qué? No podemos poseer nada. Nos iremos e incluso el cuerpo se quedará aquí.

La piel, el órgano más grande del cuerpo, nos contiene; literalmente contiene todo lo que somos por dentro. El tacto en la piel es una de las sensaciones más gratas y placenteras que experimentamos. La caricia, el abrazo, esa gente que «es de piel» lo sabe; es sobre sentir, más que sobre ver. A veces vemos una cosa, y sentimos otra. A veces vemos una piel, y al tocarla no es lo que imaginábamos.

Tatuarse es una decisión personal bastante íntima -que no debería permitirse a menores de edad-, y que obedece a un momento impermanente. La piel responderá a esa micro agresión de las agujas y lucirá lo que decidamos poner sobre ella; el resultado de una idea personal para llevar cerca, hasta que el tiempo la disuelva.



Categorías:Columnas

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