Vivir contigo

Para comer en la cama, trasnochar o bailar frente al espejo, ya sea por circunstancias de la vida o por opción personal, vivir con uno mismo es una aventura tan grande como llegar a convivir con otros.

Dicen que la convivencia mata, por lo tanto lo contrario daría vida. Tu espacio, tus gustos, tus horarios, tus rutinas y tu lugar para ti; tu casa. Ese hogar que cada vez más personas en el mundo ocupan de forma individual.

Las familias han cambiado, los hijos se han retrasado, la vida es hoy una página en blanco. Hay mayores libertades para diseñar la propia vida, de la que tenían las generaciones de nuestros padres, con roles mucho más delineados y francamente, a veces, sofocantes.

Hoy se venden en el mundo más departamento de un ambiente, que de cualquier otro tipo. Pero más allá de eso, el propio espacio es hoy una opción deseable, que antes no se veía con buenos ojos. Para las generaciones actuales, salir de la casa de los padres directo a un matrimonio para toda la vida, no es una alternativa realista. Los jóvenes quieren conocerse a sí mismos, viajar, tener experiencias diversas y vivir sus años jóvenes de un modo más libre.

Esas experiencias son valoradas incluso laboralmente, dado que una persona que busca diversidad puede aportar distintos puntos de vista y puede manejar todo tipo de situaciones. Además, aprender a estar con uno mismo, a cualquier edad, es un paso previo muy sólido para construir relaciones humanas. Una persona que invierte en tiempo de calidad para sí misma, valora lo que es importante de los demás y les da un espacio adecuado en su vida.

Muchas personas que tienen terror a vivir solas, y siempre lo han evitado, no ven la ganancia ni el aprendizaje. Al basarse en el miedo, dejan de abrirse a lo que la experiencia podría brindarles. No se trata de que a todo el mundo le guste tener tiempo tranquilo para leer, darse un baño o simplemente dormir hasta tarde sin que nadie te juzgue -todas cosas muy agradables, sin duda-, sino de saber hasta qué punto ese temor tiene sentido.

Un período viviendo a solas, puede enriquecer la mirada con respecto a cómo estamos haciendo nuestra vida y develar a qué le tenemos miedo realmente. ¿Qué pensamientos tenemos cuando estamos a solas? ¿Qué cosas tendemos a querer hacer? ¿Somos buenos para alguna tarea de hogar en particular? ¿Usamos el tiempo propio para algo en especial? ¿Pensamos en con quién nos gustaría vivir realmente? No es lo mismo querer vivir con un otro porque lo amamos y tenemos un proyecto juntos, que querer vivir con otro sin importar quién sea, porque no somos capaces de estar en soledad. ¿Quién queremos que acompañe nuestros espacios y horas?

Se juzga mucho más a las mujeres que viven solas, que a los hombres, pero no solo por el típico machismo y los prejuicios. La razón también tiene que ver con que lo establecido no permite el autoconocimiento o la introspección, eso de dejarse estar y ser en el tiempo en paz. Las mujeres son mucho más contemplativas e introspectivas que los hombres. En ese sentido, el desarrollo femenino podría crecer bastante, si cada mujer tuviera un tiempo y espacio solo para sí misma, antes que correr a echarse al hombro tantos roles antes que el rol principal de su propio ser. Quizás se alcanzaría el equilibrio de los géneros, que sin duda aportaría a un equilibrio en la sociedad.

Para estar en paz, para aprender a cuidar de ti, para enfocarte en lo que te gusta, estudiar, crecer o simplemente escucharte mejor, vivir contigo puede prepararte para mayores desafíos y ser la etapa más fructífera de tu vida.



Categorías:Columnas

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