Chao streaming

El catálogo disponible en las distintas plataformas de streaming es tan cuestionable, que solamente si te sales de ahí vas a poder ver la verdadera agenda tras lo que nos quieren mostrar. Violencia, corrupción, violaciones, maltrato a la mujer, narcotráfico, psicopatismo, desesperanza, sinsentido, y una larga lista de temas negativos, depresivos y oscuros es por lejos lo más abundante.

Hay excepciones, desde luego que sí, pero ver cómo fuimos obligados al streaming hace dos años, bastaba para esperar que subiera la calidad de la oferta general. Cómo más acceder a la ficción y el arte del cine, si nos encerraron forzosamente? Entendido como la distribución digital de contenido multimedia, la palabra streaming se refiere a una corriente continua que fluye sin interrupción, habitualmente de audio o vídeo.​

Series innecesariamente eternas, con temporadas infinitas de nunca acabar, como en una pesadilla, han desafiado lo que entendíamos por narrativa. Es una forma de relato que rompe -o deberíamos decir profana- absolutamente con la estructura natural de la narrativa; inicio, desarrollo y cierre, que es la que comprende el cerebro humano. Casi no lo podemos considerar narrativa del todo, puesto que no respeta los ritmos de una historia, y lo hace a propósito, con el fin de mantener la atención de un modo estúpidamente hipnótico. Es decir, sin un sentido. Es un sinsentido total.

Personajes cuyo delineamiento psicológico no se condice con la realidad, guiones estirados que ya no forman un diálogo, sino una verborrea mental, situaciones que van más allá de lo comprensible, aceptable o común, escenas que rozan permanentemente en lo absurdo y que nos hacen preguntarnos; ¿con esto quieren que matemos el tiempo?

Quizás mucho no queremos matar el tiempo, sino disfrutarlo. Por ejemplo, como cuando éramos niños y nos contaban un cuento. Pero ya no podemos contar un cuento a un niño, antes de dormir; no entiende la estructura de un relato, cree que debe ser como un videojuego; con etapa tras etapa, sin un cierre o conclusión. Estamos haciendo a los niños y jóvenes, adictos a esa forma de consumir ficción y arte. Los estudios comprueban que esa sensación de máxima adrenalina -lo que antes solía darse solo en el clímax de las historias- ahora es lo único que se busca, por ser tan adictiva como la cocaína.

Treinta y tantos capítulos de una serie sobre un psicópata narcotraficante, que maltrata mujeres y mata personas, es una de las producciones más vistas del mundo. Veinte temporadas de políticos borrachos de poder, dispuestos a todo, sin límites éticos ni escrúpulos, también es lo más visto. No significa que los catálogo de Netflix, Amazon, HBO, Disney y otros, no incluyan nada más, pero sin duda el grueso de la oferta es así de mediocre.

¿Qué pasa con el área documental? Lo mismo. Hay documentales de calidad, por cierto, igual como las películas y series ofrecen buena imagen, audio, interpretación, etc., pero son las historias mismas, los guiones, los que no buscan reflejar verdaderamente al individuo. A ese que llama «público». Y si lo que se busca es hacer negocio, que desde luego es legítimo y en buena hora debemos promocionar todo el arte, hay que decir que este feísmo que nos ofrecen no es arte. Para nada.

El arte eleva al ser humano. El arte no es quince meses de una serie neurótica, que deja al espectador agarrado del asiento y sin poder respirar. Si deben existir todos los géneros -y el terror es uno de ellos-, entonces pongamos ahí afuera la misma cantidad de producciones por género. Y no esta avalancha de terror y suspenso de mala calidad.

En la vida hay terror, hay suspenso, sí, pero una cosa es que sean parte de la vida y otra muy diferente es que sea todo lo que exista.

Te desafío a salirte del streaming. A ver cuánto duras. Si eres una persona común, digamos si no estás involucrado con Hollywood y no te interesa defenderlo, podrás distinguir una tónica en todo aquello que estuviste consumiendo y podrás preguntarte qué era lo que buscaban darte.

Lógicamente los directores, productores, guionistas, actores, etc., lo tienen claro. Ellos se ríen metiéndose al bolsillo grandes sumas de dinero a costa tuya. Principalmente, las caras visibles, que son los actores de Hollywood, son simples prostitutos de ese poder (la prostitución siempre ha pagado bien); el poder que busca manipularte y controlarte, de modo que no puedas ver el lado bueno de la vida.

Intenta recordar cuál fue la última ficción por streaming que viste, y que te dejó más ligero, más motivado, entusiasmado y te mostró algo bueno o bello sobre la experiencia que compartimos todos de vivir en este mundo. Si te demoras más de 3 minutos en dar con una respuesta, te recomendamos hacer el ejercicio y dejar esta programación un tiempo.

Si decides que nadie quiere programarte, regresarás. No habrás reconocido que al final son otros los que implantan ideas negativas del mundo en ti. Y no lo habrás reconocido, del mismo modo en que un adicto no reconoce que lo es.



Categorías:Notas y Entrevistas

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