Qué está pasando

¿Qué pasa con las personas, que en Chile la democracia ya no vale, la violencia, en cambio, sí es válida, y a ninguna autoridad le importa poner orden? Este ambiente irrespirable, tiene su qué. Hay un poder detrás de este caos, que probablemente no solo no sabe perder, sino que da los últimos aletazos para sobrevivir, porque ya nadie los quiere ver ni en pintura.

Esta anarquía en Chile, inaceptable, pero a la que ya nos estamos acostumbrando, porque va a cumplir 3 años, ¿es acaso intencional? Estudiantes destrozando las calles, agrediendo físicamente a otras personas, quemando buses, ¿hasta cuándo? Ya se les llama el «estallido 2» -en alusión al terrorismo de octubre 2019, donde quemaron el Metro entero y aun no sabemos quién fue-, pero si el primero no fue espontáneo, seguramente este tampoco. Resulta que justo el comunismo perdió las elecciones del plebiscito constitucional por paliza, curioso.

Estos extremismo, ultra radicales, no saben perder. No dialogan. Se imponen por las buenas o por las malas. Primero fueron de a poco generando un piso; la inmigración masiva y descontrolada, la delincuencia desatada, no poder salir a comer en la noche para no morir, no poder salir con niños, ¿qué es esto? Todos conocemos a alguien a quien le quitaron el auto a punta de pistola en la cabeza, alguien a quien le entraron a su casa de forma violenta, y ver noticias hoy es como ir de paseo al infierno.

Nunca hubo sicarios en Chile, secuestros, tortura. Los casos eran puntuales. No es que no importe, pero si todo comenzó con Bachelet 1 o no, a estas alturas ya sabemos que no se puede contar con la clase política. Ella metió a la mala, a miles de haitianos en un trato cuyos detalles solo ella conoce, y los dejó en las calles de Chile, sin futuro. Sin embargo, todos los políticos, de lado y lado, tienen el deber de imponer el orden por cuanto son la autoridad y la ley los obliga.

Toda esta forma violenta, este caos, esta destrucción y vandalismo, esto de algo no me gusta asique exploto, o quiero tal cosa por lo tanto la exijo y a golpes, o nadie me escucha; rompo todo, fue instaurada adrede por alguien. Todo profesor sabe que la indisciplina es una profunda necesidad de atención. Si miramos a estos jóvenes tomándose la plaza Baquedano o Italia, -no se llama Dignidad, porque nadie les dio el poder para cambiar nombres públicos, primero deben ganárselo-, a la fuerza, dispuestos a todo y fuera de sí, vemos un terrible problema de salud mental.

Esto que los medios llaman «disturbios» o «estallido», es en realidad una forma nueva de terrorismo; micro terrorismo. Un poco de destrucción cada semana -«rito» de los viernes en Chile-, en vez de volar de una un palacio de Gobierno o unas torres gemelas.

¿Alguien los organiza? ¿Alguien es paga? ¿Alguien los adoctrina? Todo eso junto bien podría ser, pero sobretodo alguien los usa. Si los jóvenes quisieran mejor educación, doy fe que irían a clases, respetarían al profesor, harían propuestas en orden, desarrollarían liderazgos positivos, organizarían demandas y muy probablemente conseguirían esas mejoras que dicen buscar. Todo profesor ha tenido en su clase un alumno que quiere más, y nunca lo pidió a golpes o con destrozos. Eso es propio de un trastorno psicológico y es cuando entra la siguiente pregunta; ¿qué les está pasando realmente? En sus casas, su salud, su vida; ¿qué pasa ahí, que estos chicos no saben valorar lo que sí tiene y solo son capaces de ver lo que les falta? Hay niños y jóvenes en el mundo que no cuentan con una país en paz, con colegios emblemáticos, con apoyo popular para mejorar la educación, con un 62% de chilenos que apoyan un Chile mejor.

Les han metido odio en las cabeza y en las venas. Es un espectáculo desolador verlos sufrir así, pero de pasada cagarle al vida a todos los demás; comerciantes, residentes de la zona de conflicto, niños inocentes que sí quieren estudiar y un largo etcétera.

Hay un extremo, más allá de los extremos que conocemos -de derecha extrema o izquierda extrema- que se instaló en Chile. Personajes como Dauno Tótoro, que creen en una revolución permanente, trotskista, con lazos internacionales, que aun sigue protestando por la dictadura militar de Pinochet, con la cual no tuvieron nada que ver, sembrando odio en niños y jóvenes, y que tiene espacio en medios, son un reflejo de la generación de cristal. No aportan nada, pero destruyen todo.

Decir que quieres mejorar una sociedad y te importan las personas, a la vez que incitas odio, te quejas por todo, violentas los espacios públicos, tienes cero mea culpa y nunca has trabajado para conocer el valor del esfuerzo y lo que cuesta cada cosa, es una contradicción que no resiste análisis.

Hay un grupo de poder que dice querer mejorar cosas -y siempre debemos buscar mejorar nuestro entorno y país- pero hace todo lo contrario. En la vida lo que valen son los actos, no el bla bla. Ese grupo de poder, está buscando un país lindo y acogedor para dominarlo, y ese país es Chile. Los chilenos dijeron No, pero insisten, como un maltratador que no entiende la palabra No. Y como todo maltratador, es un peligro para la sociedad y debe ser sacado fuera.

*Foto principal es referencial.



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