Tirar para arriba

Cuando quieres emprender algo nuevo, lo que sea -desde aprender una nueva habilidad o mejorar tu entrenamiento físico, hasta inventar algo o ejecutar un gran proyecto- siempre hay personas cuyos comentarios o acciones pueden desanimarte, con o sin querer. No hagas eso, para qué, por qué no aprovechas el tiempo para descansar o dormir. Qué ganas con eso, tanto esfuerzo, mejor deja las cosas como están. Para qué hacer tantas cosas, que agotador. No puedo creer que te interese ese tipo de cosas, yo jamás haría algo así. Gastas demasiada energía en eso. No veo que hayas logrado nada con tanta dedicación, mejor busca otra cosa. No deberías perder tanto tiempo. Simplifícate la vida.

La lista de comentarios es infinita. Y a veces vienen acompañados de acciones para impedir que el otro avance, crezca o se desarrolle. Por envidia o resentimiento, este tipo de prácticas pueden hacer mucho daño, uno que a veces cuesta demasiado tiempo superar. ¿Cuántas veces hemos escuchado a otros, en vez de creer en nosotros mismos?

Confieso que a mí me tomó bastante tiempo resolver que no existe espacio en mi vida para individuos así, ni tampoco para los quejones permanentes, los abajistas, derroteros, víctimas que creen que los otros tienen más suerte y su vida es muy injusta y difícil.

Más de una vez este prototipo de gente logró hundirme el espíritu. Un comentario reciente sobre mis piernas, me recordó lo profundamente grave que es referirse al cuerpo de otros, si no te han dado la confianza. Una persona me dijo que yo tenía mucha suerte de tener músculos en mis piernas, porque se me veían bien con botines. Podría haber sido un comentario grato, pero esa persona sabía que siempre me he esforzado mucho por tener bienestar y me vio por años ir a clases de danza y dedicarme a la actividad física, incluso los fines de semana, hasta el día de hoy. Debería saber que no mantuve una musculatura porque tengo suerte, aunque ciertamente creo en ella, pero ese es otro tema. Había algo en esas palabras que se sentía como una agresión, tanto así que no me permitió responder.

Siendo adulta, aun me puede impactar recibir un ataque que busque tirarme para abajo o hacerme sentir culpa. Esta persona se quejaba de tener piernas feas y flacas, mientras observaba las mías con ojos fijos. Me sentí agredida y maltratada, expuesta a su intención de analizarme para compararse. Se trata de una persona tóxica, y no suelo verla seguido, pero; ¿cómo dejar pasar su mala onda y no permitir que me moleste? Pude haberle recordado que desde los 4 años no pasan más de dos días sin que yo haga actividad física, cosa que esa persona no realiza. O pude también decir gracias y olvidarme. No tengo certeza de que su comentario buscara herirme, pero algo se desinfló adentro mío, como un globo. Me faltó un reconocimiento, sin embargo enrostrarle que yo entreno y ella no, se me hizo arriesgado. ¿Me iba a terminar odiando? ¿Acaso merezco eso?

¿Cómo explicar a otros tanto detalle detrás de cada pequeño logro, que ocurre en las sombras y que nadie tiene por qué saber? Días en que tuve mucho dolor o pocas ganas de moverme, días en que tuve mucho trabajo y me faltaban horas de sueño, días y días, en que pude no hacer nada porque no había ningún premio ni recompensa, pero hice todo lo que pude igual, porque mi meta era tener salud (y no lindas piernas, aunque sea consecuencia).

Tantas veces he admirado a otros que estaban mejor que yo, o que sencillamente eran superiores a mí, porque verlos desde esa admiración se convertía en motivación y luego en inspiración. Nunca en un objetivo de odio o resentimiento. Siempre quiero alcanzarlos desde el agradecimiento, como a un profesor o a un guía. Son gente que nunca tuvo solo suerte -como ganarse la lotería, que desde luego ocurre a unos pocos- sino que se involucró con todo su ser, muchas veces siendo el blanco de frustraciones ajenas.

En una sala de clases, por ejemplo, es muy común que los alumnos más ascendidos sufran en silencio, porque no se atreven a destacar por sobre sus compañeros. Somos seres emocionales, y principalmente en la adolescencia preferimos tener amistad y ser uno más, que intentar ir un poco más allá. Culturalmente, además, Chile es un país donde destacar es castigado, como un pecado que ofende a otros. La mediocridad y la pereza queda expuesta.

¿Cómo avanzar a la maduración de ese proceso, dónde aceptamos ser lo que somos, sin importar el juicio ajeno? Hay un solo camino, en realidad, y muchas maneras de caminarlo: debemos valorarnos y tirarnos para arriba. Cuando alguien quiera matar nuestro entusiasmo, podemos verlo con compasión, ya que es una persona que no mide el daño que hace y no ha tomado conciencia. Pero a la vez debemos aceptar que no siempre vendrán otros a reforzarnos y meternos ficha, como decimos aquí. Eso sería propio solamente de nuestros seres más amados.

Seguir nuestros impulsos de crecer, es respetar nuestra naturaleza, independiente de los resultados. Todo lo que está vivo, quiere expandirse. Condenar eso, es una deformación. Si de pronto hay algún resultado positivo, por mínimo que sea, que pueda parecer a los ojos de otros como mera suerte, y explicarse resulta algo incómodo o poco productivo, entonces aceptar que el resto quiera compararse y tener un prejuicio, aunque sea errado, es parte del desapego necesario para avanzar.

Nadie ve el esfuerzo y el trabajo detrás de un logro, nadie o pocos pueden ser testigos de la construcción de algo ajeno en su proceso diario, para poder valorarlo. Aprender a hacer oídos sordos, rodearse de personas positivas, que apoyan tu empuje y quieren verte feliz, en una tarea necesaria y muy liberadora.

A veces, cuando miramos para el lado, puede que no quede nadie y es justo ahí que la vida abrió un espacio para tu propia concentración y foco, sin distractores innecesarios. Nunca me ha gustado la palabra trabajo, ni la palabra carrera, ni siquiera la palabra esfuerzo, porque todas pasaron a significar lo opuesto a lo que me interesa; fluir y crecer. Sin una lucha a muerte, ni pelearle a nada, sino con metas y desafíos que me enganchan y comprometen.

Tener dedicación, atender tus inquietudes, estudiar algo, investigar, intentar, probar, son todas cosas que mueven la energía y te cambian por dentro. Los errores que se cometan, son aprendizajes. Comenzar una pintura, nunca es sobre el cuadro final; sino sobre en quién me convierto mientras lo pinto. Una bailarina de ballet nunca ensaya pensando en cómo se verán sus piernas; sino en cómo se sentirá bailar esa música.

Debemos también aprender a apoyar el entusiasmo de otros en cualquier empresa que se propongan, porque ese estar haciendo es nuestro tiempo en la vida. Y el tiempo corre, hasta el día en que ya no podrás estar aquí para hacer nada. Se fue la posibilidad, la aventura y el mañana.

Dejamos de bailar los ritmos del entusiasmo vital, cuando permitimos que otros nos disminuyan. Ha sucedido muchas veces con alumnos en la sala de clases y profesores sin vocación, pero también en pequeñas conversaciones del momento, en reuniones sociales, familiares, y hasta en relaciones de pareja. Probemos dar apoyo al otro, celebrarlo, abrir nuestra mente y tirarlo para arriba con buena intención, dando el ejemplo de lo que nosotros mismos buscamos y necesitamos.

Neurológicamente, está comprobado que un buen ambiente propicia un desarrollo mayor en el ser humano. Padres que no comprenden los talentos de los hijos, amigos que no aprueban las decisiones de otros amigos, muchas veces se están perdiendo la chance de mirar la vida con otros ojos. El otro me muestra la variedad, donde yo también puedo entrar y expandirme.

Cuando escuchamos historias de grandes éxitos, donde bastó una sola persona que creyera en alguien y lo animara a seguir adelante;¿creemos tener la fuerza de carácter y la empatía para ser esa persona?



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