trabajo

No sé qué quiero: el síntoma silencioso

Hoy el abanico de posibilidades es significativamente más amplio que hace 20 años. Podemos ser todo lo que queramos, elegir de una gigantesca góndola en el supermercado y ser felices. Al mismo tiempo la competencia laboral es cada vez más brava, el sin sentido más profundo y las enfermedades mentales más frecuentes. Nunca fue más difícil equilibrar deber y placer.

Nanas: ¿están capacitadas para serlo?

Es positivo que por ley las(os) asesoras del hogar sean reconocidas como trabajadoras formales, pero ¿están capacitadas para ejercer su cargo? Se abren los ojos para establecer los deberes del empleador, pero se cierran para determinar los del empleado. Atrás deben quedar las nanas como personas ignorantes, analfabetas que optaron a ese cargo porque no tenían otra opción, esas que cocinan mal y ejercen el mínimo sentido común. Las mujeres se profesionalizaron y hoy ya no pueden hacerse cargo de todo en la casa, por eso es hora de que las nanas tomen su lugar. ¿Saben de higiene o manipulación de alimentos? ¿De prevención de riesgos?

Dinero o cartón

¿Frustración de los profesionales? Pues sí, hasta cierto punto. Igual hay quienes gustan de ejercer su profesión, pero cuando saben que ganan lo mismo que una masajista, se cuestionan todo el esfuerzo y el camino recorrido. ¿Será la hora de preguntarse qué será mejor, el dinero en mano o el cartón?